Clásicos Del Grunge; “In Utero”, crónicas de un hombre moribundo…

 

 

Tras más de 8 meses en este auto-denominado ciclo que hemos creado valorando los “Clásicos Del Grunge” de mayor peso, llega el turno de hacer nuestra última parada, con una banda que, evidentemente, tenía que entrar dentro del lote.

Atrás quedan las fábulas de Alice In Chains, Soundgarden, L7, Mother Love Bone, Pearl Jam, Temple Of The Dog, Screaming Trees, Mudhnoey o Mad Season, y como tantos, pensarán igual que yo a la hora de creer que se nos quedan discos en el tintero, valerosos para incorporarse en estos clásicos básicos de ese movimiento surgido en la provechosa Seattle, pero no hemos merendado prácticamente tres cuartas partes del 2020, y hay que reemprender la ruta de nuestras “Clásicos Del Género”, dónde a buen seguro y con el tiempo, volvamos a hablar de Seattle y de sus muchos tesoros escondidos.

Yo juraría que una vez reseñe un disco como “In Utero”. Lo primero que pensaría es que sería para mi web, pero aquí dentro no está, lo cual me empieza a descuadrar que haya sido para otros medios dónde haya escrito, la cuestión es que se extinguió como la misma figura que en su día creó, lo que yo considero el verdadero lado oscuro de Seattle.

Nirvana es Nirvana, inclasificables en su estilo más sucio alejándose de los cánones establecidos en la comunidad de Seattle, y en este caso “In Utero” es la gran obra maestra del power trío de Aberdeen, llegando esta, al final de su etapa. Incluso geográficamente hablando, Nirvana se dirigía más a la costa que a la misma ciudad de Seattle y allí, prácticamente a orillas del Pacífico Norte, encontrarían su concepción llevada a cabo en el año 1987 de la mano de Kurt Cobain y Kris Novoselic. Un tiempo después llegaría su primer álbum con “Bleach” (reseña aquí), disco difícil de encajar por aquel entonces en medio de la crítica, pero que sin duda ha ganado un peso importante con el paso del tiempo. ¿Y por qué digo esto? Si hay algo que tiene “In Utero”, es que es el hermano mayor de “Bleach”.

Pocas bandas con una discografía tan corta, sentarían tal precedente por aquellos tiempos, y lo que es mejor, tras la muerte de Cobain en 1994, este número de seguidores se multiplicaría vertiginosamente hasta los días del presente, siendo toda una referencia dentro de la escena de Seattle, sino la que más.

“In Utero” son las crónicas de un hombre moribundo, un tipo como Kurt Cobain, quien sabiendo que tenía sus horas contadas rindió un homenaje mayúsculo a su pequeña Frances Bean Cobain en medio de su desvanecimiento. La muerte de Kurt daría paso a la descendencia del mismo artista norteamericano y como poco a poco el nombre de Nirvana fue creciendo aceleradamente con el paso de los años.

Como se suele decir un verdadero roquero vale y vende más estando muerto, pero “In Utero” fue el último aliento de Cobain, ofreciendo la versión más acérrima de Nirvana, en lo más parecido a una vuelta a los orígenes de “Bleach”, en su fase más madura. Aquí radica la grandeza de este último y tercer disco de estudio de la banda, lejos del superventas “Nevermind” desde lo más recóndito del cerebro de su líder y más profundo que ningún otro trabajo de ellos.

Las letras hablaban dentro de un tío con realeza anémica, un tobogán porque el que se deslizaba el mismo Cobain y sus Nirvana lejos de la triste realidad que lo rodeaba. Sí, él es ese ángel trasparente que ilustra la portada del álbum, lleno de amores indiscutibles, trastornado en sus ideas, pero rotundo en la firma instrumental de un disco crudo como es “In Utero”.

Sentimientos de culpabilidad dentro de un espíritu absorbido por la depresión, temas que pasarían a la posteridad de su corta discografía pero que el más acérrimo y explorador en los tantos y tantos secretos de Nirvana, ven en “In Utero” su gran culminación. En medio de esta dinámica hardcore/punk, la mano de Steve Albini haría el resto para definir uno de los pesos pesados de los 90, como último testamento de Cobain y despedida final de una banda como Nirvana, en su tercer disco de estudio.

Dentro de las extensas comparativas, para que “In Utero” se fabricará, necesitábamos “Nevermind”, pero la base de “In Utero” ya se había creado a finales de los 80 con su álbum debut, lejos de las armonías ofrecidas en el segundo álbum y su beneficiado empuje por la MTV. “In Utero” en este caso, se complementa perfectamente con su predecesor, pero la intriga narrativa del mismo, la sinceridad desgarradora expuesta en sus letras y la hostilidad generalizada desde su lado más sombrío, es lo que acaba despuntando a cualquiera de su preciada carrera. Es verdad que dentro de la materia grunge, hay mucho secreto espeluznante preso de la adicción a drogas y sus posteriores depresiones, más allá de todo esto, “In Utero” captura esa depresión adolescente, con el abrazo más cálido al suicidio.

 

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