Analizamos el homónimo debut de Dominios Perdidos

 

 

Nuevamente dentro de las fronteras chilenas, la escena que allí se cuece acaba de sacar otra de esas gemas producidas en su cantera, con un fervor por el rock de los 70, el entusiasmo de las jam sessions, y la mejor explosión de su virtuosismo.

Como primera reseña en el día de hoy, analizamos este prometedor estreno, presentado por el power trio santiaguino, Dominios Perdidos.

Nos encontramos un disco diverso en matices, siempre llevado por ese baluarte al blues rock, sobre todo enfocado en las detonaciones de un guitarrista como es Oscar Hidalgo, totalmente en estado de gracia, dónde su gran destreza a las 6 cuerdas, brilla por su presencia.

Siendo un disco instrumental, sobran las palabras para la expresión de Dominios Perdidos a la hora de citar algo o a alguien en los títulos de sus canciones, dónde se rinden diversos homenajes, pero siempre con un claro espíritu a la legendaria zurda de Seattle. Y es que casos como este, se pueden palpar en riffs como los de “Sepnov”, o los familiares pedaleos de “Bonzo”, pero supongo que más allá de las muchas influencias, siempre presentes en cualquier proyecto, Dominios Perdidos se enfoca bajo los mínimos medios para conseguir grandes proezas

Evidentemente, si nos ceñimos a esta última frase, supongo que un cierre como es “Wild Spirit Jam”, en la que su título manifiesta claramente lo que nos vamos a encontrar, es dónde la banda se busca a sí mismo y se vuelve a encontrar. Entrando en un catarsis estacionaria como mejor torbellino de ideas espontáneas. Si hay una razón de peso por la que escuchar este álbum, bastante surtido en sus diferentes tonalidades, creo que ese final como mágica jam session de casi 10 minutos, habla por sí sola.

El homónimo goza de muchos momentos dónde nos columpiamos en esa hamaca para presenciar el mejor de los atardeceres. La templanza cálida en “The Road”, firma un rock bastante sinuoso, sin la explosión precedida en momentos anteriores, invitado al trance apropiado. De igual manera, y creo que dentro de este apartado más temperamental, temas como “Aurora Boreal”, destilan bellos pasajes arreglados por esos armoniosos segmentos. Todo flota a través de los diversos in crescendo de los chilenos, dónde se acurrucan bastante bien

Más stoner resulta “Asunción”, es una de las pistas dotadas de mayor intensidad, y en la que Dominios Perdidos vuelve a dar un nuevo giro de tuerca en sus funciones, reinventándose por enésima vez. “Valle De La Luna” es muy sabbathica, al igual que “Jinete Del Desierto”, aunque esta última vuelve a llevarnos a la diversa progresión de Dominios Perdidos, muy acomodados en las largas estructuras, llenando de luz y de color su largo universo imaginario de sonidos.

Bastante apetecible pero sobre todo revelador, impulsamos con fuerza el estreno de Dominios Perdidos. Nuevo disco instrumental para las vitrinas de este 2020, dónde la magia de un músico desde su lado más creativo, vuelve a brillar desde los confines del planeta.

Interesante nacimiento en este nuevo proyecto chileno, que llama a una respuesta inmediata para un disco totalmente estimulante y lleno de sentidos.

 

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