Witchskull – “A Driftwood Cross” (2020)

Doom / Heavy Metal

(Rise Above Records)

 

 

La ciudad de Canberra, por mucha capital que sea del país australiano no es precisamente uno de los puntos más candentes dentro de la escena underground que allí se cuece. La misma que en nuestra casa hemos sido testigos de diversos ejemplos proyectados en bandas que van desde Melbourne, pasando por Sidney o Brisbane.

Independientemente a todo esto, desde dicha capital salta a escena una formación que ya apuntaba maneras allá por el 2016 con su estreno “The Vast Electric Dark” (reseña aquí). Este sería el punto de origen del power trío australiano, respondiendo a esos géneros heavy metal/doom, como sus mejores exponentes en cualquiera de sus canciones.

Durante aquel álbum debut, co-editado por los sellos Ripple Music y STB Records (EE.UU) respectivamente, no tardarían mucho en saltar a una discográfica de mayor peso como es la británica Rise Above Records. Sería el momento de llegar a nuestro letargo del 2018, del que entre tantos discos perdidos en nuestro tiempo de reflexión, uno de ellos sería la segunda entrega de estos Witchskull con “Coven’s Will”, como estreno con el sello dirigido por Lee Dorrian.

En este 2020, la formación se ha embarcado en una nueva aventura con su tercer registro, “A Driftwood Cross”, uno de esos lanzamientos que no han tardado mucho en ponerlos por las nubes, logrando una irrupción hasta el tercer puesto como una de las novedades más sonadas en los Doom Charts de Abril. Otra banda más heredera a la vieja guardia del heavy metal de finales de los 70.

Así es, Witchskull sigue con ese ascenso de una discografía totalmente prometedora con 3 volúmenes tan buenos unos, como otros. “A Driftwood Cross”, no es menos, y más allá de ser nuestro flamante DISCO DE LA SEMANA, también es culpable de derrocharnos con ese manto fuzz entre las sombrías teatralidades del doom más ancestral, orquestando las voces de su líder Marcus De Pasquale, pletórico en muchas ocasiones, y la lograda producción de ver como equilibran fuerzas los riffs de guitarra con una sonada y puntiaguda sección rítmica.

Sí, esta es la forma en la que se completa el audio de un disco para entrar en todo tipo de matices, arraigándose con todo el orgullo mostrado hacía sus antepasados. La baza de tener una banda infranqueable y original desde su fundación, también les ha hecho unos músicos mucho más maduros en sus tres distinguidos lanzamientos, forrados de ese ocultismo característico y con épicas en su haber como ese canto al doom más mayúsculo en “The Red Altar”, ciertamente progresiva pero con ese riff lento pasado en el minuto 3, sosteniendo unas funciones crecientes en cada escucha. “Black Cathedral” es un título que rápidamente nos posiciona en la atmósfera de “A Driftwood Cross”. Como abridora del redondo, la compulsión al riff de guitarra es instantánea. “Dresden” es puro galope como mejor exhibición de Tony McMahon (bajo) y Joel Green (batería) como mejor llamamiento a la academia NWOBHM. “March Of Winter” refleja las ruinas de Witchskull en uno de los ambientes más desolados para rellenar de los elementos más propicios las tonalidades de su nuevo vástago. En el caso de “Baphomet’s Child” es una de mis favoritas, una de esas pistas que rápidamente desmenuza lo mejorcito de los australianos en poco más de 3 minutos, que bien se pueden resumir como uno de los mayores contagios de su discografía hasta la fecha.

Atentos a ese final de álbum reflejando varios páramos de lo que pueden aportar los músicos de Witchskull en momentos venideros. Si “Nero Order” es un acto puramente visceral es con la pieza que lleve el nombre del álbum y posterior cierre del mismo, dónde se ve la versión más pasional de la banda. Toda una exposición de su mayor contundencia.

“A Driftwood Cross” no debería de ser una sorpresa para aquellos que han seguido hasta ahora la corta pero prometedora carrera de estos 3 australianos, pero tengan por seguro que aquellos vírgenes a su discografía se pueden llevar una de las mejores sorpresas en lo que va del 2020. Estamos ante una de esas proyecciones mejores guardadas, un canto a lo mejorcito del género desde su época más contemporánea y la larga legión que sigue rindiéndoles culto con pleitesía, ajustando en esas tantas curvas cerradas los versos más concisos de estos Witchskull. Etéreos en sus voces, pero con una base sólida y un sonido tan logrado y firme como una puta roca. Más ambiciosos que nunca, en esta tercera entrega nos lleva a un nuevo nivel para el recuerdo del presente curso.

Disco indispensable de este año para los amantes del género.

 

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