Clásicos Del Género: Electric Wizard – “Dopethrone” (2000)

 

Pocas veces se puede ver un álbum tan perfecto. “Dopethrone” sea posiblemente junto con su predecesor “Come My Fanatics”, los dos discos más importantes de la banda británica Electric Wizard.

Formados en 1993 como único trío, la banda la componían por aquel entonces, su hasta hoy actual líder Jus Oborn (guitarra y voz), el bajista Tim Bagshaw y el batería Mark Greening, estos dos últimos creadores del proyecto. Este mismo trío asentaría sus bases musicales en los cuatro primeros discos de estudio de Electric Wizard, más adelante llegarían cambios en la formación.

“Dopethrone” es uno de los discos más portentosos jamás conocidos en la historia de la música. La gravedad y distorsión que desprende la instrumentación de una banda como ellos encoje el alma, pero la pregunta aquí es ¿Quién aún no ha escuchado este disco con los altavoces a punto de reventar? Normalmente cuando compró unos altavoces nuevos, un disco como “Dopethrone” es el primero en poner para comprobar la dureza de los mismos.

Anécdotas a un lado, centrémonos en el nuevo capítulo que trae hoy nuestra sección Clásicos Del Género. Los seguidores de Electric Wizard siempre tendremos el eterno dilema de cuál será su mejor disco si este o “Come My Fanatics”. Ambos tienen esa pesadez sonora en sus entrañas pero tal vez “Dopethrone” sea un disco más directo, mientras que “Come My Fanatics” fuera como más espacial.

Por encima de todo, “Dopethrone” es el ejemplo perfecto de lo que una buena producción musical no debe ser. Ruidoso, pesado, abrasivo, sucio, perezoso, agresivo, monótono y hasta a veces incomprensible. Un disco para paladares exigentes que te tritura el cerebro.

La instrumentación es simple, el contenido musical aún más. La propuesta de Electric Wizard a la hora de hacer su música es descargar un sonido tan bajo y tan denso que hasta sus versos sombríos se emplean con toda la maldad del mundo, o al menos así se describe.

“Vinum Sabbathi” comienza este descenso a los infiernos con un guiño al cine de serie B de los 70. Primera toma de contacto para el áspero sonido de los británicos, sus mezclas entre el doom más pesado y el stoner que venía finalizando sus épocas dorada de los 90, aquí hacen una combinación perfecta.

Si hay una perla que será recordada en la historia de la música más underground siempre será un coloso llamado “Funeralopolis”. El frontman Jus Oborn se muestra intratable en el corte, mejor que nunca, Wizard en estado puro. Incluso esa parte final del corte que deja atrás la hermosa melodía de trasfondo inicial del corte vemos una música digerible para el peor de los maníacos. Es aquí cuando Electric Wizard distorsiona más allá de la compresión, impulsado el canto de un agónico Jus Oborn al espacio exterior.

 

A partir de aquí el disco empieza a coger tal profundidad, que nos adentra en el oscuro abismo de estos Electric Wizard. Poderosa suena “Weird Tales/ Electric Frost/ Golgotha/Altar Of Melektaus”. La más larga del disco y también la más sombría es otro de los puntos más destacables del disco. Una epopeya que como bien refleja su título se divide en 4 partes. Su comienzo parece la típica jam dentro de los límites del doom que intenta hacerse un hueco ante tanta distorsión. El bajo de Bagshaw es una de las piezas fundamentales en todo el disco, pero tal vez es aquí donde encontremos su punto más notorio. Es el corte más dinámico del álbum que tiene sonidos tan extraños que emanan desde un plano inferior al sludge más profundo. El corte se cierra con más de 6 minutos que van decayendo como si se tratará de un avión espacial no tripulado.

“Barbarian” y “I, The Witchfinder” se ocupan de la parte central del disco. Su inspiración a la mitología se refleja en estas dos piezas del disco, ambas destacadas por ser dos de las grandes de este “Dopethrone”. Tanto la guitarra como el bajo siguen al mismo sonido de máxima distorsión. Ruidos ambientales de viento que soplan espeluznantes, rodean un paisaje tenebroso dentro de ellas. La maniática voz de Jus Oborn aquí obtiene un gran alcance.

 

La parte final del disco arranca con “The Hills Have Eyes”, pequeño corte instrumental en homenaje a la cinta de Wes Craven de 1977. Continúa “We Hate You”, algo corta de poco más de cinco minutos pero donde el característico sello de los británicos se vuelve a implantar como lo hicieron en “Funeralopolis”. Ambas con cierta melodía de trasfondo, la agonía que desprende la voz de Oborn, y muchas dosis de gravedad que escupen los altavoces.

La propia “Dopethrone” cierra esta obra maestra del género, utilizando esas voces misteriosas bajo la penumbra del manto psicodélico que desprende la base instrumental de Electric Wizard.

Lo dicho, “Dopethrone” se le pueden aplicar muchos adjetivos. La intensidad del mismo se palpa desde que le das al play en tu reproductor, incluso una fuerza desconocida parece que se apodere de ti cuando vez que sientes obligación de subir el volumen.

Si queréis dar un mal momento al vecino mientras te corres de gusto ante tan inmensa obra, “Dopethrone” es esa razón. Único entre millones de trabajos, característico por un solo estilo. En cualquier caso, es una obra maestra en su género que no deben perder de vista. Siempre hay que tenerlo ahí para escuchar y que con el paso de los años ha ganado el peso por el que siempre debió ser reconocido. Todo un clásico.

 

 

Electric Wizard – Dopethrone
Rise Above Records 2000
Tracklist:
 
1. Vinum Sabbathi
2. Funeralopolis
3. Weird Tales/Electric Frost/Golgotha/Altar Of Melektaus
4. Barbarian
5. I, The Witchfinder
6. The Hills Have Eyes
7. We Hate You
8. Dopethrone
 
 
 
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