Sonidos Del Ayer; Clutch – “Strange Cousins From The West” (2009)

Blues Rock

(Weathermaker Music)

 

 

Siempre ha sido uno de mis favoritos en una discografía sin precedentes, atractiva se mire por cualquiera de sus lados, infranqueable en todo su afán de enormes detalles, y es que si empezamos el día a base del más fiero blues rock, nada mejor que cerrarlo recordando una de la heroicidades en unos tipos que con cada lanzamiento, cada vez parecen menos terráqueos. Hoy, para nuestros “Sonidos Del Ayer”, toca hablar de la enésima gesta de Clutch.

Digamos que es un disco al que le tengo especial cariño, ya que yo soy de esos pocos que llegó tarde al primer día de clase, de hecho yo no aparecí ni siquiera en los primeros años y sería precisamente hace una década atrás cuando este maravilloso “Strange Cousins From The West”, el que me adentraría de lleno en el mundo de esta formidable banda de Maryland.

Evidentemente es un álbum especial para muchos, también es posible que sea su disco más blues, de ahí esa especial predilección por mi parte, pero también es con este lanzamiento en que una formación capitaneada por un devorador de los directos como es Neil Fallon, el que evidencia las muchas prestaciones por las que se aclimatan a cualquier género, pero que siempre encuentra en el blues, su mayor atracción para lograr sus grandes momentos.

Hacemos una breve reflexión en esta novena parada en la discografía de Clutch, lanzada originalmente el 13 de Julio de 2009 por el propio sello de la banda, Weathermaker Music, bajo las órdenes de productor James Robbins, quién ya había colaborado con la banda cuatro años atrás en otro indispensable de su discografía, “Robot Hive/Exodus”. Digamos que en esta última mención que hago, empezaría una nueva metamorfosis en el sonido de Clutch, lejos de abrasivos temas más furiosos visto en pistas pertenecientes a “Blast Tyrant” y “Pure Rock Fury”, los norteamericanos empezaban a dar matices blues en su particular boogie. “From Beale Street To Oblivion” rellenaría aún más ese espectro como siguiente jugada, llegando a su movimiento final en “Strange Cousins From The West”. Aquí podemos ver como la banda vive de una segunda juventud, y decimos esto ya que su primer lanzamiento dista del año 1993, prácticamente rondado las 3 décadas de fructífera existencia, su constante trabajo en una discografía incuestionable, les hace especialmente únicos.

No quiero hablar de movimientos posteriores a este, porque indagar en “Earth Rocker” o “Psychic Warfare”, ya lo hicimos en su día, y no hacen otra cosa que definir el inmejorable estado de forma de estos 4 talentosos músicos de la localidad de Frederick.

Con un distintivo sello norteamericano en su estilo musical, las barras y estrellas van colgada sobre los cuellos de estos tipos, y un disco como “Strange Cousins From The West” es posiblemente una de sus principales fuentes de admiración. No imagino a un músico que no pueda estar orgulloso de haber fabricado algo parecido a esto. Con un Neil Fallon mejor que nunca, poderoso en sus funciones, llevando la misma jerarquía que en los escenarios, con ese ADN de blues sureño, subestimado como siempre ha sido en su voz. A esto hay que añadirle un conjunto de ganchos como esos riffs pegadizos desplegados en “Minotaur”, o construcciones similares, de esas que son fáciles de asimilar y entran por el oído sin ninguna posibilidad de atascos. Hablo en este caso de “Sleestak Lightning”, y ese latido perseguido en el álbum íntegramente, moviéndose de manera contagiosa.

Claro muchos podrían decir que 11 años atrás de aquel 2009, los norteamericanos ya habían hecho un disco parecido a este con “The Elephant Riders”, pero evidentemente, “Strange Cousins From The West” es la versión más madura de este. La aerodinámica de Clutch nunca se había definido de igual manera hasta entonces. Decir que Tim Sult está explosivo en este disco es quedarse corto. “Struck Down” es una de mis debilidades, con los Clutch más peatonales. Podemos ver la voz demente de Fallon como nos impregna de ese aroma blues, o llegar a ese canto fúnebre de tonalidades oscuras con “Abraham Lincoln”, mientras que el fuerte estruendo de “50.000 Unstoppable Watts”, muestra nuevamente el carisma de su frontman y la mejor esencia de Clutch. Canciones como “Motherless Child” o la todopoderosa “Let A Poor Man Be” dejan ver las influencias de la banda, y sobre todo de un Neil Fallon totalmente entregado en este redondo. Con esa versión del gran Pappo en la parte final del LP, acaba conquistando al resto del planeta.

Blues directo a la vena con la mejor marca del boogie más reconocido de unos Clutch que alcanza su máxima esencia al final de una de sus trilogías más reconocidas en su discografía. Después de 11 años de existencia de esta gema en su carrera, te das cuenta de que más de que se volvieran a reinventar por aquel entonces, más bien estamos ante otra reafirmación del poder de esta banda, y de esa capacidad como fuerza motora de crear canciones puramente instintivas. Algo que no pueden quitar de su gran legado, y que en sus muchos de sus seguidores, ven un largo y placentero beneficio. El espíritu del rock, aquí parece ser el mejor vino, y es que Clutch es una de esas marcas que van en contra de la vejez, haciéndose más grandes con cada lanzamiento. Repito, rondando la treintena de años, es imposible encontrar fallos en una carrera única. Con permiso de “Earth Rocker” y “Blast Tyrant”, mi favorito salta a escena.

Buen fin de semana camaradas…

 

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