Fuzz – “III” (2020)

Psychedelic / Proto Metal / Garage Rock

(In The Red Records)

 

 

Aunque su portada es de lo más simplista que pueda haber, plasmando al power trío californiano como este “III” que nos dejan como nueva entrega lo nuevo de Fuzz llega 5 años después de fulminar el 2015 con su flamante “II” (reseña aquí).

Menos extenso y si más directo que su predecesor, digamos que el nuevo álbum de Fuzz marca la frontera perfecta entre sus dos sucedáneos. El enésimo proyecto de un talento como Ty Segall, vuelve en este otoño, nuevamente de la mano de In The Red Records, para una nueva contribución en nuestra comunión eterna con el fuzz.

Nuevamente este increíble propulsor vitaminado por las más directas cepas del garage rock, punk y el proto metal, nos deja otra de sus obras para una carrera que se acerca a su décimo aniversario. Como era de esperar esa colección de riffs por parte de Charles Moothart y su mano derecha, el bajista Chad Ubovich, vuelven para acribillarnos con esas ráfagas de pura electricidad garajera, solos prolongados dónde la labor de Moothart vuelve a brillar con fuerza y esos equilibrios impulsados por el groove de Segall y Ubovich.

Sin resultar un trabajo innovador sí es una perfecta continuación que fija la constante de estos Fuzz en cuanto a su marca sonora. El propio Ty Segall lo advertía en las previas promocionales del álbum; “El objetivo nunca fue reinventar la rueda. A veces solo se trata de ver cuanto tiempo puedes aguantar antes de que te despidan”, toda una declaración de intenciones que se sirve como el mejor de los espejos en “III”.

Un disco para devotos del psych, de las luces de neón multicolor, de la fuerza bruta del proto metal setentero y pistas como “Nothing People” ahí están para postularse entre las más destacadas, recogiendo tras de sí una colección de riffs a la antigua usanza que te despega del asiento entre estribillos poperos, pero vayamos al principio…

Para empezar, “III” aguarda un principio y un final con ciertas semejanzas. La idea de darle un sentido a la historia del álbum, está ahí, y el juego de la banda con el oyente se manifiesta y despega con la fuerza de “Returning”, recordando muchísimos a los Fuzz del 2013 en su disco debut, definido por un psych blues hermosamente sucio, llevando esa arrogancia que arrasa amplificadores en la línea de los mejores Fuzz. “Time Collapse” nos lleva al tema original de la abridora en “II”, o al menos eso nos dice su título. Otro lanzamiento al más allá para sumergirnos en la improvisación más maravillosa de un Moothart desatado, profundizando cada vez más y más en la materia Fuzz. De igual manera, pistas como “Blind To Vines”, muestran la versión más chispeante del guitarrista. La crujiente “Spit” es muy pegadiza, mientras que “Mirror”, muy similar en su duración, saca el espíritu macarra de los californianos, llevando una mayor labor en los parches por parte de Ty Segall. El final con “End Returning” muestra el tema más ambicioso y progresivo del redondo. Ciertamente a través de sus cambios de tiempo, aquí si nos acercamos a la belleza de “II”, y en sus 8 minutos se presenta claramente como una versión futura de lo que nos puede dar esta banda, dándole sentido en su guion a todo el álbum en conjunto; el principio es el final.

III” es perfectamente la frontera definida en los dos discos capturados por Fuzz hasta la fecha, también puede ser el mismo hard rock y heavy metal delimitados entre sí con una buena capa de esa distorsión setentera para darle sentido a su devoción como nombre de proyecto. Por lo demás, este nuevo trabajo se expresa firmemente en continuar el legado pero también el sonido peculiar de la banda, siendo más directo que cualquiera de sus predecesores. Todo un itinerario por la larga caravana de los 70, desde sus muchos estilos, con la correspondiente dosis de fuzz necesaria para definirlos por lo que son.

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