Ecos De Sabbath; Icecross – “S/T” (1973)

 

Hasta la Islandia de principios de los 70 nos vamos en nuestra nueva entrega de los capítulos de “Ecos De Sabbath” de este viernes, y lo que se refiere a la aportación del mes de Agosto a esta sección. El debut de Icecross, uno de esos discos bastante cotizados para su caza y captura en las páginas de internet y todo un clásico anclado perfectamente a este apartado, en los inicios del proto metal y todo ese legado a las eternas huestes de Birmingham.

Como tantas, su período de actividad fue escaso, tan solo este disco respalda su discografía en esta formación fundada en el año 1972, un año antes de la salida de este homónimo debut de la mano de Ásgeir Óskarsson y Axel Einarsson como fundadores de Icecross. La grabación del mismo vino con la llegada del bajista y último en formar parte del line up de Icecross, Ómar Oskarsson, y sería en el país danés dónde se originó toda la producción del mismo, siendo su país natal el mismo que vería las únicas ediciones físicas en tirada limitada que se lanzaron durante el año 1973.

Surgidos de las cenizas de Ástarkveója, tanto Axel como Ásgeir abandonaron este primer proyecto para darle más músculo a su destreza y dejar paso a sus muchas influencias. En este caso, nace Icecross, una banda que tuvo su corto periplo al otro lado del Atlántico, con Shady Owens (último integrante en entrar en el mundo Icecross) y el propio Axel. Poco más de un año duraría esta cruzada por llevar el sonido de la  banda, más allá de las fronteras islandesas. Icecross se disolvería finalmente en 1975.

Precisamente y como última anécdota, hace poco menos de dos años, el fundador Axel Einarsson falleció durante Septiembre de 2020 dejando todo un legado detrás y la memoria de un disco como este, que como tantos de aquella poca, solo el paso del tiempo lo convertiría en un clásico del culto para el género en cuestión, inspirado en ese contraste climatológico del propio país islandés, entre frías tierras y estampas volcánicas. En este caso, y siendo sus inicios en el 72, hay que citar a un tipo como Ámundi Ámundason, uno de los detonantes de que el sonido de Icecross empezará reconocerse en algunas de las localidades de la Islandia de 1972, llegando usar incluso el talento de una stripper para llamar la atención de sus directos sobremanera. Con el tiempo se dieron cuenta de que Islandia no les iba a dar ese sueño de llevar su música más allá, de ahí su escapada hasta la capital danesa, no solo para darse a conocer en una puerta hacía el viejo continente, también para la grabación de este mismo homónimo debut.

Solo 1000 copias saldrían en aquel 1973 en la promoción de este “Icecross”, diversificando ese sonido proto metal de los islandeses con una gran connotación en la sección rítmica. Sí, es el disco que le gustaría fabricar a cualquier bajista, y esto en parte es gracias a la laborada reputación del productor Tommy Seebach en los Rosenberg Studios, dónde también el mismo ingeniero contribuiría en el álbum con algunas partes al teclado.

En lo que se refiere a sus canciones, más allá de la refinada producción, cristalina para disfrutar de los muchos detalles de Icecross, se esculpe en todo momento ese sonido valvular proveniente al hard rock de principios de los 70, pero también haciendo que el factor sorpresa permanezca omnipresente en todo momento con pistas como “Wandering Around”, pegadiza, de instinto country, pero estridente en esa firma final al mejor rock’n’roll de los islandeses. El proto metal de “Nightmare” es una de mis partes favoritas del redondo; arrolladora, aguda, la banda conecta esa velocidad estándar para darnos todo un festival innovador por aquellos tiempos. Igualmente, “Jesus Freaks” vuelve a bombear en esa sección rítmica, agudizada por sus riffs más pesados. “A Sad Man’s Story” ofrece la parte progresiva de Icecross, la entrada del mismo productor en las teclas, y un itinerario entre la melancolía y la psicodelia, demuestra no solo la destreza de los músicos de Icecross, también la tendencia originada por la banda a principios de los 70, haciendo frente a todo tipo de retos a la hora de llevar su música a la vanguardia del estilo. Cierro el destripe del álbum destacando la grandeza de “Scared”, uno de los puntos culminantes del redondo dónde posiblemente se vea la mejor versión de la banda, haciendo que esas melodías más allá de su pesadez, rebosen de auténtico poder melodioso.

Otro clásico más llegado desde tierras recónditas, como enésimo disco de culto de la siempre comunidad provechosa de los 70 en toda su inmensidad oculta. Eternos en su labor, la huella que deja Icecross en 1973, lo convierte hoy en otro de esos discos atemporales, convirtiéndolo en el gran reserva que es hoy en día. Uno de los ejemplos más valerosos del llevar las directrices del proto metal, hacia territorios inhóspitos, y salir gloriosos en su factura final.

 

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